Jameson, Frederic. El posmodernismo o la lógica cultural del capitalismo avanzado. Buenos Aires: Paidós, 1992 [1984], pp. 121.
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Ser sí mismo:
". . . 'historicismo', es decir, la rapiña aleatoria de todos los estilos del pasado, el juego de la alusión estilística al azar . . . la progresiva primacía de lo 'neo' . . . no es incompatible con unos consumidores que padecen una avidez históricamenre original de un mundo convertido en una mera imagen de sí mismo, así como de pseudoacontecimientos y 'espectáculos' . . . A estos objetos debemos reservarles la etiqueta platónica de 'simulacros': la copia idéntica de la que jamás ha existido el original. Con bastante coherencia, la cultura del simulacro se ha materializado en una sociedad que ha generalizado el valor de cambio hasta el punto de desvanecer el valor de uso, una sociedad en la cual . . . 'la imagen se ha convertido en la forma final de la reificación mercantil'"(45).
"En definitiva, todo en esta película conspira para empañar su contemporaneidad oficial, haciendo así posible para el espectador contemplarla como si se hubiera rodado en los eternos Treinta, más allá del tiempo histórico. la aproximación al presente mediante el lenguaje artístico del simulacro, o del pastiche estereoscópico del pasado, confiere a la realidad actual y a la apertura del presente histórico la distancia y el hechizo de un espejo reluciente. Pero esta nueva e hipnótica moda estética nace como síntoma sofisticado de la liquidación de la historicidad, la pérdida de nuestra posibilidad vital de experimentar la historia de un modo activo . . . [demuestra] a través de sus contradicciones internas, la totalidad de una situación en la que somos cada vez menos capaces de modelar representaciones de nuestra propia experiencia presente"(52).
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Conspiraciones ausentes:"En definitiva, todo en esta película conspira para empañar su contemporaneidad oficial, haciendo así posible para el espectador contemplarla como si se hubiera rodado en los eternos Treinta, más allá del tiempo histórico. la aproximación al presente mediante el lenguaje artístico del simulacro, o del pastiche estereoscópico del pasado, confiere a la realidad actual y a la apertura del presente histórico la distancia y el hechizo de un espejo reluciente. Pero esta nueva e hipnótica moda estética nace como síntoma sofisticado de la liquidación de la historicidad, la pérdida de nuestra posibilidad vital de experimentar la historia de un modo activo . . . [demuestra] a través de sus contradicciones internas, la totalidad de una situación en la que somos cada vez menos capaces de modelar representaciones de nuestra propia experiencia presente"(52).
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